LA PAZ, AQUÍ, NO PARECE POSIBLE


Autor: Rafael Carvajal | Fecha: 29 noviembre, 2017

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Ante esa imposibilidad uno, que se cree cuerpo, también se cree estar viviendo. Y el observador que no observa, más bien juzga, por aprendido, solo hace que anotar y anotar para que, en un momento dado, disponga de los datos necesarios para el juicio que se presente. Más adelante, con los pensamientos del pasado.

La magia de la mente dispersa, esa que aquí está a disposición de todos. La usamos.

¿El amor? como una expresión de carencia, parcial o total, dependiendo del tiempo, tal vez, del que uno se cree que eso le falta. Búsqueda instantánea con imágenes del pasado proyectado al presente. La mente mira a través de los ojos del cuerpo para encontrar al culpable de su dolor, en forma de sufrimiento, en forma de enfermedad creada para ser atendida. El amor es cruel, si es falso.

Comparando el mundo de Dios y el mundo del ego, aparecen zonas claras y zonas oscuras. Enfrentadas. Una frente a la otra. En mi mente, que así lo decide. Y en el mundo de Dios. Sin reservas. Paz. Y en el mundo del ego. Sin reservas. Guerra. Y esos mundos se entrecruzan porque parece que alguien lo decide, y ese alguien solo puede ser mi yo que busca lo que aquí jamás encontrará, si eso es la Verdad.

Este mundo es una copia fatalmente hecha de lo que es el mundo real, el de Dios, el de la Paz, el de la Luz, el del Amor que se da por si solo, en todo y a todos. Sin preguntar. Sin ni siquiera mirar para saber, tal vez si para reconocer quién es quien llama a la Puerta del Cielo, sin necesidad de haber muerto y pasa, sin más. El Hijo de Dios en su inexistente sueño, parece que decide, y cree poder traspasar límites jamás puestos por nadie, ni siquiera por Su Creador. Y juega, observando lo que pasa si su pensamiento está allí donde no puede estar. Y estira un poco más el pensamiento, como aquel que quiere llegar a donde el brazo no le llega y se lo estira ayudado por el otro brazo. Demente. Alucinado.

Y las noticias aparecen y se comentan. Redes de redes que enredan. Montaje de película. Incluso no se comentan; pero se sienten, aunque uno trate de esconderlas.

Con los años, parece que aquello que tuve cuando niño, independientemente de todo, lo recuerde como una necesidad ahora. Un estado de Paz que no necesitaba buscar, pues eso era yo. Un estado de no mirar más allá del ahora, de este preciso y precioso momento, instante, al que en aquella época, la de niño, no le ponía etiqueta. No advertí que eso era preciso. Y ahora, con el paso de los años, esa paz a la que mejor escribo con mayúsculas, Paz, me busca a mí. Se me pone delante en infinidad de ocasiones. Me habla. Me envía mensajes, de voz y escritos, incluso imágenes. Bellas.

Tal vez existe una necesidad obligatoria del ser humano a creer en algo que está más allá de uno mismo, o incluso que esté fuera del alcance al nivel físico de este planeta o mundo que vemos, y de ahí el sueño. Si no lo veo me lo creo. Y la dificultad en la mente humana reducida por el programa de vida en esta sociedad manipulada y manipuladora, cada vez más ampliada hasta la inutilidad de la mente que creímos nos hacía libres. Aquí. Y la reducción cada vez parece mayor. Eso de que el pensamiento es libre, uno se lo cuestiona, o más bien deja de creérselo. ¿Libre para qué? Sin sentido.

La libertad como dos sistemas de pensamiento posibles. ¿La libertad de un ser que nada tiene que ver con lo que aquí, en este mundo aparece, o la libertad del único ser posible incluido en la Mente que Crea y que nada tiene que ver con mis pensamientos propios?

Bendiciones.

 

Rafael

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Comentarios Comentarios de este artículo

  1. Núria dice:

    Gracias Amor. Triquiñuelas de la mente que se cree cuerpo. Gracias por recordarlo una y otra vez. Te amo

    • RafaCunit dice:

      El, el Espíritu Santo, que está en Ti siempre, observa y observa, esa es su función y al mismo tiempo, está dispuesto a llevarte suavemente, en la forma que tú elijas, hasta Él. Tú marcas el ritmo, que no el momento en el que el encuentro se dará en tu mente, pues en verdad jamás dejaste de estar en Él. Plácidamente.
      Gracias, Amor.

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