Impecablemente en el sendero (3) eterno


Autor: Jon Mundy | Fecha: 27 marzo, 2017

Tercera parte

Ken se acercó tanto a lo eterno

Continuamos con «Impecablemente en el sendero», en memoria del doctor Ken Wapnick, es el primer capítulo del nuevo libro de Jon Mundy La eternidad según Un curso de milagros que dedica al que fue su inestimable amigo y tutor.


Empresas que comienzan en un garaje

Seguro que habéis oído hablar de grandes negocios y empresas que comienzan en un garaje. En 1981 fui a ver a Ken y Gloria cuando estaban recién casados y vivían en la casa que Gloria tenía en Ardsley, Nueva York, junto con sus ancianos padres. La madre de Gloria quería mucho a Ken. En aquella época previa a los ordenadores Ken estaba trabajando en el índice de Un curso de milagros. Con la ayuda de Gloria tenía todo el Curso indexado en pequeñas fichas metidas en cajas de zapatos apoyadas en mesas plegables en el garaje.

Hacer la Voluntad de Dios perfectamente es el único gozo y la única paz que pueden conocerse plenamente, al ser la única función que se puede experimentar plenamente.

T-8.III.2:1

Ken sabía con claridad que la felicidad consiste en hacer el mayor bien posible, durante todo el tiempo posible y a tantas personas como sea posible. Su felicidad y su función eran una. Como Thomas Edison, Nikola Tesla o Stephen Hawking, él se entregaba completamente a su trabajo y amaba cada minuto del camino.

En agosto de 2013 yo me encontraba en el sur de California. Había quedado con Ken para comer el día quince. El catorce recibí una llamada de su secretaria, Elizabeth, para cancelar la comida. En agosto de 2011 Ken ya había cancelado otra cita porque había necesitado una intervención de urgencia en la boca. Aunque nunca había oído que estuviera enfermo, como todos nosotros se iba haciendo mayor. Ahora había vuelto a cancelar nuestra cita porque tenía que ir al médico.

Como había crecido en Brooklyn en las décadas de los 40 y los 50, a Ken le gustaba jugar a béisbol callejero, de modo que escribió una nota divertida y pidió a Elizabeth que me la leyera por teléfono. En la nota decía que cuando jugaba a béisbol de niño, casi nunca le eliminaban en los lanzamientos.—En beisbol quedas eliminado cuando fallas tres intentos de batear— Se daba cuenta de que esta era la segunda vez que cancelaba una comida conmigo, era el segundo intento fallido. Y no hubo una tercera oportunidad. El diagnóstico: adenocarcinoma del pulmón de nivel cuatro, significaba que solo iba a seguir entre nosotros el tiempo suficiente para decir adiós. Como mi otro mentor, el doctor Salvador Roquet, Ken sabía muy bien hacia dónde se dirigía.

Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti.

L-156.4:1

La luz de Ken era muy brillante. Dormía desde las diez de la noche hasta las cuatro de la madrugada, solo seis horas. Se levantaba pronto y se ponía a trabajar, inspirado por el aire sereno de la mañana. Completaba la mitad de su trabajo diario mientras la mayoría de nosotros aún estábamos durmiendo. El cuerpo de Ken murió, pero su Espíritu no lo hizo porque lo Eterno no puede morir. Él consiguió volver a Casa, más allá del limitado marco del cuerpo y de los ojos del cuerpo, para volver a ver a su querida Helen y a su hermano Bill. Hablando sobre la diferencia entre cuerpo y espíritu, el Curso dice:

Se trata de un marco muy elaborado, repleto de gemas, y profusamente tallado y pulido. Su propósito es ser valioso en sí mismo, y desviar tu atención de lo que encierra. Mas no puedes tener el marco sin el cuadro.

T-17.IV.7:5-7

Lo que importa no es el marco (el cuerpo, lo externo). El cuadro (el espíritu, lo interno) es el que contiene el significado de corazón. Así, el principio veinte de los cincuenta principios de los milagros nos dice que: «Los milagros despiertan nuevamente la conciencia de que el espíritu, no el cuerpo, es el altar de la verdad.» Dejamos que el mundo nos distraiga pensando que el cuerpo (el marco), en y por sí mismo, es la realidad. Sin espíritu, el cuerpo carece completamente de vida. Creo que Ken se acercó tanto a lo eterno —entró tan profundamente en el espíritu— que ya no podía aferrarse al cuerpo y así volvió a fundirse en el Amor Eterno. Recordar a Dios antes de abandonar el cuerpo es una manera preciosa de irse.

—Jon Mundy

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