Fragmento 1 de Padres e hijos del Dr. Kenneth Wapnick


Autor: Kenneth Wapnick | Fecha: 2 junio, 2014

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El aterrador pensamiento sepultado en la mente de todos es que, aun cuando seamos buenos chicos, al final Dios va a decir que eso no es suficiente y no lograremos regresar al Cielo. Por más que nos esforcemos, o por más buenos que seamos, al final la puerta del Cielo se cerrará —como en la parábola «Ante la ley» de El juicio, de Franz Kafka— y Dios dirá que no fuimos lo bastante buenos. Ese es el miedo de todo el mundo, nacido del mismo pensamiento de separación que dio lugar a nuestra existencia. Es útil reconocer que esto es lo que creemos. La aseveración inicial de la Lección 93, «Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado» (LpI.93.1:1), es una forma extrema de decir: «No importa si obtengo sobresalientes o aprobados porque Dios dirá que no es suficiente; sigo siendo la morada manchada de una mala semilla». Es importante reconocer que estamos en este mundo precisamente porque esto es lo que creemos acerca de nosotros mismos.

Habiendo aceptado este «hecho», se nos ayuda a poder entender la dinámica de la proyección. Si esto es lo que creemos acerca de nosotros mismos, esto es lo que proyectaremos. Desde la perspectiva del presente comentario, el fracaso de mi hijo o de mis estudiantes, o incluso el mío propio, se ve inevitablemente como un resultado directo de mi imperfección. En todo lo que me rodea, veo la prueba de que no soy lo suficientemente bueno; pero, si eso es lo que veo, tiene que ser porque eso es lo que quiero ver. En su mensaje a Bill, Jesús estaba respondiendo al recuerdo que Bill tenía de su padre destruyéndole la oficina. El apego de Bill a ese recuerdo exponía su disposición secreta a que esto ocurriese. Recordemos también la poderosa línea del Texto:

Y lo que ves en cualquier clase de sufrimiento que padezcas es tu propio deseo oculto de matar (T31.V.15:10).

Queremos que la gente nos haga daño, nos traicione y nos abandone. Queremos que la gente fracase. Si no lo quisiéramos, no haríamos que el fundamento de nuestras vidas fuese la constante percepción de que la imperfección nos rodea por todas partes y de que no es culpa nuestra.

Dr. Kenneth Wapnick

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