Ahora, el terror a despertar

Ahora, el terror a despertar

Ahora = Eternidad = Dios

El terror a despertar ahora 

Comentarios de Kenneth Wapnick en el vídeo Aplicaciones prácticas de UCDM «El terror a despertar ahora»

La habilidad de Ken siempre es mostrarnos que la verdadera resistencia a despertar radica en nosotros, que no existen fuerzas externas o confabulaciones extrañas que nos limitan.

El miedo a la redención 

«No es lo que puedas perder en el futuro lo que temes, lo que te aterroriza es unirte en el presente». (T-26.VIII.4:3-4) Esta frase va pareja con la siguiente del capítulo 13, Sección 1, El miedo a la redención (T-13.III.1:10-11) que reza así: «No es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo. Lo que verdaderamente te aterra es la redención».

Damos la bienvenida al castigo

Es decir, parece que no tenemos miedo del sistema de pensamiento del ego, no tenemos miedo de un castigo futuro por los pecados cometidos en el pasado. No tenemos miedo a lo que nos dice, es decir, que nuestros pecados requieren castigo en un futuro, no importa que sea en el próximo minuto, mañana, dentro de un año o una década o cuando muera. No tememos al futuro o al castigo. De hecho,  aunque inconscientemente —puesto que en el consciente no lo experimentamos así—, nosotros le damos la bienvenida al castigo, damos la bienvenida a los miedos, a la culpabilidad, al pasado pecaminoso que prepara el camino para un futuro de temor. Y hacemos todo esto—dice Ken— porque establece la «realidad» en nuestras perdidas y torturadas mentes, de modo que el ego está bien vivo y así también su sistema de pensamiento de pecado, separación, miedo y castigo.

Somos malos, por eso necesitamos morir

Y todo culmina con el castigo final, que es nuestra propia muerte. Todo esto , corrobora, se confirma y se fortalece por las creencias —a nivel personal— de que somos malos, o de que hay gente mala pululando alrededor, de que acontecen hechos terribles y que si estos nos ocurren, al final es por nuestra culpa, porque los malos ahí afuera lo causaron. Y nosotros, aunque secretamente, es decir, sin ser conscientes de ello, esperamos que todos estos desastres nos alcancen. Es más, nuestro verdadero temor es que «el tomador de decisiones» en un  momento dado reconozca su error de haber elegido al maestro equivocado y elija al Espíritu Santo o a Jesús como maestro, acepte la Expiación —que nos confirma la imposibilidad de la separación— y seamos capaces de despertar de esta sueño de muerte a nuestra auténtica realidad como Hijos del Amor. ¡Ese es nuestro miedo!

Unidos como Uno, ahora

Tememos a la realidad última del Ser, a la Unidad, a estar unidos como Uno, como menciona el Texto, formar parte de Dios, puesto que no hay un lugar donde él termine y yo dé comienzo, —dice Ken—  no soy algo aparte de él. Integramos esa Unidad indiferenciada.

La no dualidad pura, ahora

Al hablar de la Realidad nos referimos a la no dualidad pura que se encuentra en Dios y nada más. Cuando hablamos de él nos referimos a Dios y a nada más, no hay otra fuerza o poder. Dios es el primero en la Trinidad y no existe ni segundo ni tercero. En este mundo, el reflejo de esta unidad son nuestros intereses compartidos. Todos somos la misma mente, todos compartimos el mismo ego, y el mismo Espíritu Santo; y también disfrutamos del mismo poder de elección para decidir entre uno y el otro.

Las diferencias son irrelevantes, ahora

De hecho, todas las diferencias que parecen tan importantes son irrelevantes y se manifiestan tan solo en la forma básicamente. El hecho es que todas las mentes son lo mismo. Cuando el Curso habla de unirse con los hermanos o los unos con los otros, Jesús, con el término «unión» no se refiere a que debamos volvernos a unir, se refiere al hecho de aceptar que ya estamos unidos, puesto que las mentes lo están a pesar de que los cuerpos no. Las mentes están unidas y es así porque provenimos de la Mente única, que pareció dividirse en billones de billones de fragmentos. Toda esta creencia, este sueño insano es la defensa en contra de la realidad de que todos somos Uno, somos uno en Dios, uno en Cristo. Y que naturalmente somos esta unicidad unida como Uno.

El tiempo es una proyección

Entonces, los temores no son sobre el futuro, pues este está basado en el pasado y el tiempo lineal no es ni más ni menos que una proyección de la trinidad impía del ego en la mente de pecado, culpa y miedo. Por lo tanto, tenemos que estar al tanto de que existe una parte en nosotros que siempre quiere mostrar que el ego tiene la razón y que Jesús y este Curso están equivocados omitiendo que detrás del Curso y de Jesús está Dios y su Realidad de perfecta unidad y Amor.

Algo anda mal

Mientras podamos «demostrar» —dice Ken— que estamos separados, que somos pecadores, que algo anda mal,  que albergamos la oscuridad, el pecado y el miedo, como lo explica la Lección 93, así sí que podemos probar, dándole crédito a esa idea tenebrosa y haciendo a otros responsables, que el ego campa a sus anchas, lo que significa que su identidad individual se mantiene para siempre. El miedo que sentimos es que todo esto sea inventado y, si este sistema de pensamiento es inventado, yo también debo serlo.

Mi identidad especial, única e individual

Así, yo, al igual que el resto de individuos, trato de mantener este terrible sistema de pensamiento del ego que es mi identidad especial única e individual del yo, a la cual, de modo inconsciente, acogemos, apreciamos, tapamos, cubrimos y, en lugar de dejarla ir, mataríamos por defenderla, una locura, según Ken, que raya la perversidad.

La persona que creíamos diferente es lo mismo que nosotros, ahora

Toda esta locura de mantener la individualidad especial se disuelve silenciosamente y queda deshecho cuando reconocemos que la persona que creíamos diferente es lo mismo que nosotros. Esta es la idea: todos compartimos el mismo propósito, necesitamos lo mismo, que nos otra cosa que el ferviente deseo de despertar de este sueño, sabiendo que, el retorno al hogar, o lo hacemos todos o no lo hace nadie.

El gozo más sublime, ahora

De modo que «unirnos» en el presente deja de representar el terror y ahora la Unidad en el presente es el gozo más sublime, puesto que mediante el perdón y eligiendo el milagro es la manera en que despertamos de esta pesadilla de pecado, culpa y miedo.

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