Sanar tu vida


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“Paul Ferrini es un Kahlil Gibran de nuestros días: poeta, místico, visionario, contador de la verdad”. Larry Dossey

“Treinta y cinco años de trabajo espiritual centrado en el corazón me han enseñado que es necesario producir un cambio real y duradero en la conciencia y en la experiencia de las personas” Paul Ferrini.

Este libro  te ayudará a abrirte a una vida de auténtica curación y fortaleza. Puedes aprender a amarte a ti mismo de dentro afuera, iniciando un proceso de dar y recibir que transformará tu vida Puedes acabar con tu sufrimiento y conectar con tu alegría. Puedes encontrar tu pasión en la vida y aprender a alimentar y expresar tus dones. Puedes aprender a ser quien aporte amor a tu propia experiencia y quien atraiga más y más amor a tu vida. Puedes ralizar tu propósito y vivir con tu pareja en una relación entre iguales que os fortalezca a ambos.

Todos los dones de la vida y del amor son posibles para tí. Basta con que hagas tu parte, y con que abras tu corazón para recibirlos.

 

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Libro impreso


Sanar tu vida

Una guía en doce pasos para llevar amor, poder y propósito a tu vida

  • Libro disponible

Autor:

ISBN: 978-84-939311-8-6

Páginas: 200

Publicado por: El grano de mostaza S.L.

Peso: 234 gr.

Alto: 210 mm.

Ancho: 140 mm.

Grueso: 13 mm.

Idioma: ES

Formato: Tapa blanda

Formato (USA): Paperback

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E-book


Sanar tu vida

Una guía en doce pasos para llevar amor, poder y propósito a tu vida

  • Disponible

Disponible: Si

Formato: Ebook

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Precio (en Amazon):
7.99

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Extracto de Sanar tu vida


INTRODUCCIÓN

El camino a la curación y la transformación

 

Nuestro dolor es una llamada a despertar

 

Cuando estábamos desarrollando originalmente este «Mapa de los doce pasos hacia la curación y la transformación», les pregunté a mis alumnos: «¿Dónde creéis que comienza el mapa?». Muchos dijeron que el primer paso era conectar con el amor. Eso tenía sentido. Pero yo quería que profundizaran más y les pedí que respondieran a la pregunta personalmente: «¿Dónde comenzó la curación para ti? ¿Qué te llevó a venir a estos retiros?».

Celia respondió inmediatamente: «Para mí, todo empezó al sentir mi dolor». Cuando dijo esto, todos experimentamos una profunda resonancia. Para la mayoría de nosotros el viaje hacia la curación empezó cuando nuestro dolor salió a la superficie y se negó a ser reprimido, apartado o ignorado. Para la mayoría de nosotros, el dolor fue la llamada para despertar. Nos mostró lo que estaba fuera de lugar en nuestras vidas, lo que necesitábamos tratar para que se produjera la curación.

En nuestro mundo no consideramos que el dolor sea un mensajero. Queremos que se vaya. Usamos todo tipo de sustancias para pasar por alto el dolor o anestesiarlo. El alcohol, las drogas recetadas o usadas con fines recreativos, incluso la comida, el trabajo o el sexo pueden convertirse en modos de evitar o negar que sentimos dolor. En nuestro intento de encontrar placer y escapar del dolor, no se nos ocurre que tenemos que escuchar el mensaje que este nos trae.

Pero Celia tenía razón. Tenemos que escuchar. Hasta que no sepamos qué nos duele y por qué, no tendremos mucha motivación para emprender el viaje de la transformación.

 

El encuentro con la sombra

 

Así, en la primera fase de nuestro trabajo, dejamos de negar o amortiguar nuestro dolor y empezamos a sentirlo y a escuchar el mensaje que nos transmite. Esto saca a la superficie mucha vergüenza en cada uno de nosotros. Todos hemos desarrollado máscaras sociales y espirituales, detrás de las cuales nos escondemos, pretendiendo ser felices cuando nos sentimos fatal por dentro. Reconocer nuestro dolor ante nosotros mismos y ante los demás significa quitarnos la máscara y reconocer cómo nos sentimos realmente. Denota ser emocionalmente honestos y vulnerables.

Por supuesto, nos da miedo estar en el mundo sin máscaras. En él a menudo, nos sentimos crucificados, juzgados y culpados por cualquier debilidad que tengamos. No resulta seguro dejar que la gente vea quiénes somos y lo que verdaderamente sentimos. Experimentamos miedo y vergüenza de lo que llevamos dentro. Como Adán y Eva, ocultamos nuestro miedo y nuestra vergüenza y pretendemos ser felices cuando no lo somos.

En nuestro trabajo, creamos cuidadosamente un espacio de amor incondicional y de aceptación, de manera que nos sintamos seguros compartiendo nuestro dolor. Usamos las «Directrices del proceso de afinidad»1 para que cada uno de nosotros se apropie de su experiencia, sin proyectar su miedo y su culpa en los demás. Aprendemos a hablar y a escuchar desde el corazón. Aprendemos a confiar unos en otros, contando la verdad de nuestra experiencia para no tener que escondernos más. Salimos del armario. Nos permitimos ser vistos y oídos. Nos permitimos ser amados y aceptados tal como somos.

El principal trabajo de la primera fase es la creación de una comunidad de curación, un espacio seguro donde podamos encontrarnos con nuestra sombra y la de los demás de una manera compasiva. A medida que decimos la verdad, vemos que nuestra experiencia no es muy distinta de la de otros. Nuestro dolor es su dolor. Nuestras pruebas y tribulaciones, nuestros juicios con respecto a nosotros mismos y nuestros sentimientos de no valer nada no son muy distintos de los suyos. Compartimos un mundo psicológico similar en el que nuestro miedo y nuestra vergüenza salen a la luz repetidamente.

Durante años creímos que éramos los únicos que nos sentíamos tan inadecuados. Pensábamos que todos los demás eran felices y estaban bien adaptados. No sabíamos que solo estábamos viendo las máscaras que llevaban puestas. Pero ahora, en el espacio amoroso y libre de juicio de nuestra comunidad de curación, donde nos sentimos seguros quitándonos las máscaras, entendemos que no somos los únicos que sentimos dolor. No somos los únicos que tenemos que lidiar con el miedo y la vergüenza. No somos los únicos que nos sentimos culpables, temerosos, indignos de ser amados. Cada una de las personas presentes siente lo mismo. Simplemente, esta es la primera vez que compartimos nuestro dolor con los demás. Este es un punto de referencia para todos nosotros, y genera el impulso necesario para salir de la negación.

Pasamos de un mundo en el que no podemos admitir nuestros miedos y nuestras debilidades a otro donde nos sentimos seguros siendo honestos con los demás. Pasamos de un mundo en el que tenemos que esconder la verdad a otro donde todos pueden reconocerla.

En la primera fase del trabajo nos enfrentamos directamente con nuestro dolor. Lo compartimos con los demás. Observamos la universalidad del nuestro y aprendemos a ser delicados con nosotros mismos y con los otros. En lugar de sentirnos avergonzados de nuestros sentimientos, aprendemos a aceptarlos y a ir más allá de ellos. Nos damos apoyo mutuo para mantener un espacio compasivo donde poder afrontar nuestros temores. Aprendemos a mirar nuestra sombra con los ojos del amor. Esto significa que ya no necesitamos sentirnos amenazados por los aspectos no resueltos de nosotros mismos o de los demás. Ya no necesitamos negar nuestro dolor y proyectarlo sobre los demás.

Juntos podemos crear un espacio para la curación. Juntos seremos capaces de crear un entorno amoroso y una cultura del perdón que nos permita ver nuestros juicios y apropiarnos de ellos para dejar de atacar a los demás.

La conexión con el amor se convierte en una parte importante de la primera fase de nuestro trabajo. No podemos mirar nuestra sombra y la de los demás si no nos sentimos amados y aceptados. Sin conexión con el amor, rechazamos y negamos la sombra (como hacíamos antes) o nos identificamos con ella y pensamos que somos ella. Nos escapamos de nuestro camino de curación porque nos da demasiado miedo, o entramos en el submundo sin una antorcha para iluminarlo. Ninguna de estas opciones es constructiva.

Tenemos que tomarnos el tiempo que necesitemos para acumular la luz y el amor de la conciencia compasiva antes de entrar en el submundo y vernos cara a cara con nuestra sombra.

La segunda fase del «Mapa hacia la curación y la transformación» nos pondrá frente a nuestras heridas más profundas y nuestras creencias más disfuncionales con respecto a nosotros mismos. Tenemos que estar preparados para mirar todo esto. Hemos de saber que podemos contener nuestro miedo y nuestra vergüenza de una manera delicada y amorosa. Tenemos que conocer que podemos ser testigos y aceptar todos estos aspectos rechazados y negados de nosotros mismos. Esto es lo que nos ayuda a recuperarlos e integrarlos. Así es como devolvemos la totalidad a nuestra psique.

 

El viaje hacia el submundo

 

No te hagas ilusiones. Hace falta valor para realizar el viaje interno. En la segunda fase se nos pide que miremos las heridas causadas por papá y mamá, y que atravesemos el miedo y la vergüenza asociados a ellas. Se nos requiere que veamos dónde comenzaron nuestros hábitos de traicionarnos a nosotros mismos durante la infancia y cómo han continuado en la edad adulta, influyendo en las elecciones que hacemos con respecto a nuestro trabajo y nuestras relaciones. Se nos pide que veamos cómo hemos organizado nuestras vidas: cómo hemos entregado nuestro poder a otros y hemos permitido que ellos tomen decisiones en nuestro nombre, o cómo nos hemos obsesionado con el control, apropiándonos del poder de otros y decidiendo por ellos de manera inadecuada.

Se nos pide que contemplemos todo el ciclo generacional del abuso: cómo las víctimas se convierten en verdugos, cómo nos convertimos en papá y mamá y transmitimos la herida, que hemos recibido de ellos, a nuestros propios hijos. Este material no es agradable de ver. Por ese motivo, la mayoría no emprende este viaje o, si lo hace, se da la vuelta antes de ver la luz al final del túnel.

Hace falta un gran coraje para sentir y transformar tu herida esencial. De niño no pudiste hacerlo. Te daba demasiado miedo y te abrumaba. Tu ego no tenía la suficiente fuerza ni confianza para afrontarlo. No contabas con el apoyo de los demás. Era un tiempo solitario y tú hiciste lo que hacemos todos: lo ocultaste, lo negaste, lo escondiste, lo enterraste fuera de la vista y fuera de la mente. Eso está bien. ¿Qué otra cosa podías hacer?

Pero, aunque lo hiciste desaparecer durante algún tiempo, vuelve inevitablemente. Tu herida y tu hábito de traicionarte a ti mismo resurgen en cada una de tus relaciones íntimas.

Tus hijos, tus padres, tus hermanos y hermanas, tus compañeros de trabajo, incluso los extraños con los que te encuentras por la calle pueden irritarte. Te sientes alterado cuando menos lo esperas. A pesar del intento de ocultar tus sentimientos detrás de tu máscara, puede surgir la ira, incluso la furia. Puedes abandonar a las personas que amas. O es posible que permitas que abusen de ti emocional o físicamente. Todo esto ocurre en tu vida o en la vida de alguien cercano a ti. Es algo habitual. Sin embargo, nadie quiere hablar de ello.

Existe una conspiración de silencio. Nadie quiere ir allí. Y después la gente se pregunta por qué alguien se compra una ametralladora y dispara a diez persona en el trabajo o en la escuela, o asesina a su esposa e hijos. Este es un tema espeluznante. Si no lo abordamos, si no lo afrontamos y lo sanamos, el ciclo de la violencia seguirá proliferando.

La violencia comienza en nuestros corazones y en nuestras mentes. Se extiende externamente hacia nuestras familias y comunidades. Se despliega en las guerras y en las acciones genocidas. Impregna la conciencia colectiva. Las personas quieren matar y exterminar aquello que no comprenden ni aceptan. Quieren destruir la sombra en los demás. Se demonizan mutuamente para no tener que sentir el dolor de sus propias ofensas. Creen matar a enemigos o diablos, no a seres humanos. Pero, en verdad, están matando a sus padres y a sus madres. Están matando a sus hijos. Están matando a sus hermanos y hermanas. Y todo porque se odian a sí mismas. Todo porque no han sido capaces de mirar su propia sombra con compasión. Todo porque nunca aprendieron a llevar amor al niño herido interno.

 

La curación del niño herido

 

En la segunda fase aprendemos a reclamar los aspectos rechazados de nosotros mismos. Vemos lo que no nos gusta, aquello de lo que nos avergonzamos. Usamos el espejo que los demás sostienen ante nosotros para ver qué condenamos en nuestro interior. Aprendemos a ver y a estar presentes para ese niño herido interno, el que se siente rechazado e indigno de amor, el que siente que ni siquiera tiene derecho a respirar. El que cree que es malo, perverso, sucio, feo, indigno de amor. Aprendemos a sentarnos con el niño mientras él grita o expresa su furia. Aprendemos a seguirlo pacientemente cuando sale huyendo a esconderse. A levantarlo del suelo cuando intenta postrarse a nuestros pies.

Por duro que sea, por más tiempo que nos lleve, aprendemos a estar presentes para este niño pequeño y a rodearlo con nuestros brazos. A decir: «Ya no voy a rechazarte ni a abandonarte. Ya no voy a criticarte, a considerarte equivocado ni a buscarte defectos. No voy a hacer todas esas cosas que papá o mamá te hacían y que tú aprendiste a hacerte con su ejemplo. No voy a ser quien te ataque. Voy a estar aquí contigo y aprender a ser tu amigo. Voy a aceptarte, a darte un espacio y a aprender a amarte para que puedas curar tu dolor, para que puedas crecer y expresar tus dones. Voy a ser el papá y la mamá compasivos que nunca tuviste».

No hace falta añadir que este es un proceso de curación profundo y que no ocurre con rapidez.

Hace falta mucha paciencia y convicción si quieres estar presente para ti mismo de esta manera. Pero ninguna otra posibilidad funcionará. Eres el único que lleva amor a tu propia experiencia. Nadie más puede hacerlo por ti. Ni mamá ni papá. Ni tu esposo o esposa. Eres tú el que tiene que aprender a llevar amor. Solo tu amor curará tu herida.

Mucha gente intenta encontrar atajos en este proceso de curación. Pero estos atajos siempre son algún tipo de negación. Tratan de hacer que se vaya el dolor. No lo invitan a entrar para que pueda escucharse su mensaje de transformación.

Los atajos avergüenzan y castigan al niño una vez más. Le dicen: «Tú no eres espiritual, de otro modo ya estarías curado. Tienes que hacer esto o aquello, tienes que decir esto o aquello». Todo ello es un montón de sandeces, pero el niño se las cree, porque cree que está dañado y que necesita algún tipo de reparación. Se siente muy feliz de volver a tragar otro plan para su redención.

Por supuesto, ninguno de estos planes funcionará. Están condenados al fracaso, y, cuando esto ocurre, refuerzan el dolor del niño y su creencia en que no puede hacer nada bien.

Lo único que funciona es el amor y la aceptación. Por medio del amor y la aceptación construimos una relación de confianza con el niño. Y con el tiempo, gracias a esta nueva paternidad, puede crecer sano y fortalecido. Este es un proceso que lleva años; no días, semanas o meses.

Ahora bien, ello no debería ser un factor disuasorio para ti. Si quieres verdadera curación y felicidad, vas a necesitar tiempo, paciencia y compromiso. Si te das cuenta de esto, vendrás preparado y tendrás éxito.

 

Verdadera curación y transformación

 

El éxito en el viaje de curación implica una transformación real, no solo un pequeño retoque superficial. La verdadera felicidad ocurre de dentro hacia fuera y se extiende a todas las áreas de nuestra vida. La tercera fase del mapa guarda relación con la recuperación del propio poder y con la obtención de resultados.

Tu relación contigo mismo se transforma porque aprendes a llevar amor al niño interior. Has aprendido a permanecer conectado con él o ella, a ser emocionalmente honesto y congruente. Cuando surge el miedo, sabes contenerlo compasivamente. Contienes con delicadeza los juicios cuando vienen, y llevas amor a aquel que se siente inseguro o indigno.

Como has desarrollado una relación amorosa contigo mismo, puedes sentir verdadera felicidad en el trabajo y en las relaciones. Eres capaz de reconocer, nutrir y expresar tus dones creativos. Puedes conectar con el deseo de tu corazón y hacer lo que más te gusta, llevando alegría e inspiración a los demás. Eres capaz de atraer y mantener una relación amorosa entre iguales con una pareja que comparte tu vida y se une a ti en el viaje de curación.

Aprendes a escuchar y a confiar en tu guía interna, a asumir riesgos apropiados y a atravesar las puertas abiertas que hay en tu vida. Puedes sentir que tu vida se despliega de dentro hacia fuera. Las personas que necesitas conocer son atraídas hacia ti. Los recursos y los apoyos que necesitas encajan sin demasiado esfuerzo o deliberación. Eres flexible y te mueves con el flujo del universo. Lo que antes resultaba duro ahora se vuelve fácil. Lo que antes era una lucha ahora puedes hacerlo sin esfuerzo. Ya no vives en la carencia ni en el sacrificio, sino en la alegría y la abundancia.

Tu amor por ti mismo es tan fuerte y constante que pueden sentirlo todos los que te rodean. La gente se siente atraída hacia ti para recibir guía, comodidad y apoyo. Las personas que tienen heridas similares a las tuyas llegan a la puerta de tu casa, de tu oficina, de tu iglesia o templo. Natural y espontáneamente empiezas a devolver a los demás todos los dones que has recibido en tu viaje de curación.

Formal o informalmente, empiezas a servir al bien y al plan mayor es para la curación del planeta. Haces tu parte, cualquiera que sea. Te dedicas al propósito de tu vida y desempeñas el papel que solo tú puedes desempeñar. Pones al servicio de esta tarea tus dones y talentos, tu sabiduría y tu fuerza. A través de ti, otros se curan y descubren la verdad dentro de sí mismos.

Como te has convertido en el que aporta amor a tu propia experiencia, el universo te apoya para que des un paso adelante y seas un guía espiritual para otros. Mantienes la antorcha del amor incondicional con confianza, señalando el camino e iluminando el sendero. Tu voluntad y la gran voluntad del creador universal son una y la misma.

A medida que la curación llega a tu corazón, el cielo viene a la tierra y la paz llega al mundo en el que vives. Que tu experiencia con este mapa sea tan poderosa y transformadora como lo ha sido para todos los que hemos emprendido el camino.

 

Namasté.