El evangelio según Jesús


Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterPin on PinterestPrint this pageEmail this to someone

La gran mayoría de mis enseñanzas han llegado a ti intactas. Sin embargo, hay algunos errores y distorsiones que deben ser corregidos. La mía es una enseñanza de amor, no de miedo.

El lenguaje del miedo no puede usarse en ningún testamento que venga de mí. No debe sorprenderos que algunos —incluso aquellos que eran tan sabios como mis apóstoles— os hayan hecho creer en un Dios vengativo que os castiga por vuestros pecados. Os aseguro que están equivocados. Nuestro Dios no es un Dios iracundo, sino un Dios compasivo que te ayuda a encontrar perdón a tus errores y los de otros.

Palabras clave: , , , , , , , , , , , ,

Libro impreso


El evangelio según Jesús

Un Nuevo Testamento para nuestro tiempo

  • Libro disponible

Autor:

ISBN: 978-84-938091-3-3

Páginas: 136

Publicado por: El grano de mostaza S.L.

Peso: 184 gr.

Alto: 210 mm.

Ancho: 140 mm.

Grueso: 8 mm.

Idioma: ES

Formato: Tapa blanda

Formato (USA): Paperback

Palabras clave: , , , , , , , , , , , ,

Enlace para compartir:

12

Extracto de El evangelio según Jesús


ÍNDICE

  1. Prefacio
  2. Introducción
  3. Mi enseñanza
  4. El asunto central
  5. Integridad
  6. La rectitud religiosa
  7. El viaje del despertar
  8. La puerta abierta
  9. Acabar con la caída de la gracia

Prefacio

Si me conoces en tu corazón, encarnarás mi enseñanza con certeza interna. Sabrás que el amor es la única respuesta a tus problemas. Cuando das amor, no puedes evitar recibirlo. Y cuanto más das, más recibes. En el mundo no hay deficiencia de amor, pues el amor vive en el corazón de cada ser humano. Si confías en él, tiene el poder de elevar la conciencia y de cambiar tus condiciones de vida. El amor es la realidad última. Es el principio y el fin, el alfa y el omega. Emana de sí mismo, se expresa a sí mismo y descansa en sí mismo. Elevándose o cayendo, expandiéndose o contrayéndose, en flujo o reflujo, el amor nunca pierde contacto consigo mismo. Es posible que yo no esté presente aquí, en un cuerpo, pero estoy presente en tu amor. Cuando encuentras el amor en tu corazón, sabes que estoy contigo. Es así de simple. La gran mayoría de mis enseñanzas han llegado a ti intactas. Sin embargo, hay algunos errores y distorsiones que deben ser corregidos. La mía es una enseñanza de amor, no de miedo. El lenguaje del miedo no puede usarse en ningún testamento que venga de mí. No debe sorprenderos que algunos —incluso aquellos tan sabios como mis apóstoles— os hayan hecho creer en un Dios vengativo que os castiga por vuestros pecados. Os aseguro que están equivocados. Nuestro Dios no es un Dios iracundo, sino un Dios compasivo que te ayuda a encontrar perdón a tus errores y los de otros. Aprendiendo compasión y practicando el perdón superas el miedo, corriges tus errores y renuncias a tus juicios. Gradualmente, un bautismo de aceptación y amor va lavando tu vergüenza. Por favor, haz tu parte. Pide perdón a todos aquéllos a los que has hecho daño en pensamiento, palabra u obra, extiende el perdón a los que te lo pidan y estate también dispuesto a perdonarte a ti mismo. Dios hará el resto. Todos vosotros habéis venido aquí a aprender a amar sin condiciones. Cuando puedes amarte incondicionalmente, no resulta difícil amar a los demás. Cuando puedes aceptar a los demás con todas sus faltas, no es difícil aceptar las tuyas. Los que no entienden y malinterpretan mis palabras hacen que me sitúes por encima de ti. Por favor, no lo hagas. Quien quiera que me ponga en un pedestal también me pone en la cruz, porque no puedes tener uno sin la otra. Por lo tanto, no te dirijas a mí ni a ningún otro como si fuera menos o más que tú, porque hacer eso es crear el único pecado contra el hijo del Hombre. Enseño y siempre he enseñado la Ley Espiritual de la Igualdad. Adhiérete a esta enseñanza y todo lo que te separa de los demás se caerá y descansarás en el Corazón de Dios, donde todos los seres son amados y bendecidos por igual. Yo no enseño una cosa a una persona y otra cosa a otra. Mi enseñanza es la misma para todos vosotros. Piénsatelo bien, por tanto, cuando alguien te pida que juzgues, culpes, calumnies, engañes, dañes o rechaces a cualquiera de tus hermanos o hermanas en mi nombre. Yo te digo que eso es una blasfemia y una inversión de la verdad que sólo puede conducir al sufrimiento. Te dije una vez, y lo volveré a repetir, que todos son bienvenidos en mi casa: los ricos y los pobres, los negros y los blancos, los heterosexuales y los gais, las mujeres y los hombres, los niños y los ancianos, los altos y los bajos, los flacos y los gordos, los sanos y los enfermos, los capaces y los discapacitados. No tengo una iglesia para los que viven en sus mentes y otra para los que viven en sus corazones. Tengo una iglesia para todos, y la puerta de esa iglesia siempre está abierta a cualquiera que desee entrar. Quien cierre la puerta o bloquee el paso a cualquier hermano o hermana toma mi nombre en vano y distorsiona mi enseñanza. No escuches las palabras de esas personas, pero observa sus acciones para ver si son coherentes con lo que dicen. Como ya te he dicho antes, sería sabio que examinaras el árbol antes de comer el fruto que cuelga de sus ramas. La puerta de mi iglesia y la puerta de mi corazón siempre están abiertas para vosotros, queridos hermano y hermana. Ciertamente, os doy la bienvenida cuando oigo que vuestros pasos se aproximan. Si yo os honro y cuido tanto de vosotros, ¿cómo podría nuestro Dios, que es mucho mayor que yo, hacer otra cosa? No, amigos míos, el amor de Dios por vosotros es más profundo que cualquier otro amor que podáis llegar a conocer. Incluso mi amor por vosotros palidece en comparación. Nosotros somos hijos de un Dios amoroso. De eso podéis estar seguros. Todo lo que Dios me ha dado a mí os será dado a vosotros cuando estéis preparados para recibirlo. Entonces no importará de qué manos recibáis el Regalo, porque todos los que Lo sirven comparten Su amor por vosotros y extienden Su bendición a vosotros ahora y para siempre. No desesperéis, queridos míos. Abrid vuestros corazones y sentid mi amor por vosotros. Tomad mi mano cuando la necesitéis. Aunque a veces pueda parecer que camináis por este sendero solos, sabed que estoy a vuestro lado en cuanto me llamáis. Buena suerte en vuestro viaje hacia Dios. Pronto estaréis en casa. Hasta entonces, sabed que estoy guardando este lugar para vosotros.