La silla vacía


Desde un enfoque plural, el autor desgrana su filosofía vital, afín al budismo, abriendo caminos a la sanación del cuerpo y del espíritu. Contiene una variedad de estilos y un ritmo sereno, simple y poético. Este libro es una gema, rico en contenido, de espíritu cálido y amistoso con el lector. Señala de manera simple y clara cómo acceder a la presencia abierta en la vida cotidiana.

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Libro impreso


La silla vacía

La enseñanza, no el maestro

  • Libro disponible

Autor:

ISBN: 978-84-939311-3-1

Páginas: 192

Publicado por: El grano de mostaza S.L.

Peso: 288 gr.

Alto: 210 mm.

Ancho: 140 mm.

Grueso: 13 mm.

Idioma: ES

Formato: Tapa blanda

Formato (USA): Paperback

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Extracto de La silla vacía


Introducción

El símbolo de la silla vacía implica que la enseñanza es perenne. Siempre está ahí. En cada tiempo y lugar, alguien toma el sitio y expresa la verdad tan clara y honestamente como puede.

La enseñanza de la que estamos hablando es esa expansión de la conciencia de Ser que yo llamo espiritualidad.

Como las palabras reflejan el lenguaje y la experiencia del presente, habrá resonancia. La resonancia es una chispa; ayuda a encender, o reencender, la conciencia, y la expansión potencial de la conciencia es infinita.

En distintos momentos de la historia, la chispa ha producido una expansión de conciencia que ha tomado distintas formas para reflejar el tiempo, el lugar, el espacio y la sociedad en la que se encendió.

Ahora, según parece, estamos en un periodo de brasas que irradian suavemente y necesitan que alguien sople sobre ellas para convertirse en llama. Parece probable que la era de lo colectivo esté sobre nosotros, y que la chispa y la conciencia que ella enciende deba ser más una colaboración que un dictado. Otra manera de decirlo sería señalar que se necesita más una práctica compartida que resucitar el dogma.

Estos pensamientos me animan a explorar un camino, desde un punto de vista que es intencionalmente personal, sabiendo que no siento ninguna responsabilidad por el proceso de otros, y que confío en que una exploración hecha en voz alta por una persona normal puede ayudar a otras a valorar su normalidad y, ciertamente, su relevancia.

Buena parte de lo que leo sobre el tema de la espiritualidad parece fomentar la negación de quiénes somos y desea sustituirlo por algún modelo procedente de otro tiempo y lugar. Parece proponer que la espiritualidad solo puede surgir en otro lenguaje y cultura. El mercado está lleno de estos productos exóticos y, si podemos permitírnoslo, los compramos. Así es la naturaleza del materialismo.

Levanto la mano para admitir que los dos mares en los que estoy inmerso son la psicología oriental y la occidental, tal como han tomado forma desde sus raíces judeocristianas y budistas. De ahí es de donde vengo, en el primer caso por nacimiento y en el segundo por convicción.

Voy a examinar cómo estos asuntos se me han revelado. Te voy a pedir que recorras conmigo el camino de ser más consciente, y que veas como eso se refleja en tu vida.

A medida que leas este libro algunas partes podrían resonar profundamente; otras podrían irritarte; otras confundirte e, incluso, es posible que algunas te enfaden. ¡No estás de acuerdo y eso te enfada! Piensa en esa afirmación por un momento: ¿No estar de acuerdo te enfada?

Puedes, si lo deseas, convertir esto en una verdadera oportunidad de expandir tu conciencia, si entras en contacto con ese sentimiento y con su localización en el cuerpo. Al ubicarlo, lo conviertes en algo con lo que puedes trabajar. Es un sentimiento y no representa quién eres, sino, más bien, algo con lo que puedes trabajar y después dejar ir, si no te resulta útil. Esto te da inmediatamente la oportunidad de ser proactivo, en lugar de ser la marioneta de tus sentimientos. En vez de que actúe el sentimiento, puedes actuar tú a partir de él. Y esta es una afirmación muy diferente.

Por encima de todo, sé suave. Notar que tienes hábitos y observarlos operar te da la oportunidad de soltarlos. Castigarte por tener un hábito o determinar ferozmente librarte de él, por más que te cueste no resulta útil. Ser agresivo con el hábito solo sirve para inyectarle una enorme cantidad de energía. De esta manera, aumenta la atención que le dedicas, y eso solo sirve para nutrirlo y asegurar su continuidad.

Tengo la esperanza de que este trabajo nos lleve a liberarnos de la debilidad que conllevan los hábitos no reconocidos. ¡Solo si nos liberamos de esas cadenas podemos ser verdaderamente útiles!

Entrar en la quietud

Hay un gran misterio en torno a la quietud, en el sentido de que no es un hacer y no es un estar en blanco, un estar «volado», sino más bien lo contrario; la quietud es un estado en que se es muy consciente de lo que está ocurriendo, sin apegarse ni dejarse atrapar por ello. Es más un estado de testigo.

La quietud no es algo que nosotros hagamos. Es ser, ser en el centro de nuestro verdadera identidad. Este centro aquietado está en todos nosotros; lo compartimos con el Universo mismo. Este lugar, en la quietud del centro, es dinámico. «En el punto aquietado del mundo que gira [...], allí está la danza», dijo T. S. Elliot. En la quietud no hay sufrimiento. En la reconexión con el centro se produce el final del padecimiento. Por lo tanto, la función de la curación es restablecer la quietud.

Puede haber momentos en los que nos rendimos a ser conscientes, en lugar de limitarnos a reaccionar a lo que está ocurriendo; momentos en los que nos damos cuenta de que nos hemos visto llevados hacia el apego a algún pensamiento o sentimiento, sea de agonía o de éxtasis. Entonces simplemente notamos ESO y nos convertimos en testigos de ello, en lugar de castigarnos por habernos desviado del camino. Esta tendencia a castigarnos cuando no somos perfectos es precisamente el tipo de energía que nos mantiene atrapados en la reactividad y la insatisfacción.