Ausencia de felicidad


Este libro relata el proceso de dictado de Un curso de milagros que llevó a cabo su escriba Helen Schucman, enmarcándolo en el contexto de la búsqueda de Dios que llevó a cabo durante toda su vida. El autor, inspirado por la profunda relación que mantuvo con Helen, reseña detalladamente la labor de esta como canal del Curso.

Esta obra incluye extensos extractos de los recuerdos de Helen, de sus sueños y cartas, así como de los mensajes personales y del material instructivo que Jesús regaló a la humanidad. Ella “oyó” la voz de Jesús dictándole los tres volúmenes que componen uno de los mensajes espirituales más significativos de nuestro tiempo.

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Libro impreso


Ausencia de felicidad

La historia de Helen Schucman como escriba de Un curso de milagros

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Autor:

ISBN: 978-84-937274-3-7

Páginas: 550

Publicado por: El grano de mostaza S.L.

Peso: 836 gr.

Alto: 230 mm.

Ancho: 150 mm.

Grueso: 30 mm.

Idioma: ES

Formato: Tapa blanda

Formato (USA): Paperback

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Extracto de Ausencia de felicidad


PREFACIO

Helen Schucman, el tema de este libro, fue la escriba de Un curso de milagros.1  Desde octubre de 1965 hasta septiembre de 1972 inclusive, “oyó” la voz de Jesús dictándole los tres volúmenes de los que consta uno de los más significativos mensajes espirituales de nuestro tiempo. Este libro, en parte, es la historia de este dictado, ubicado en el contexto de la búsqueda de Dios a lo largo de toda la vida de Helen.

Una tarde, varios años después de haber completado el Curso, Helen y yo estábamos sentados en el sofá de su sala, nuestro lugar favorito cuando el tiempo no era favorable para salir a caminar. Comenzamos a discutir las distorsiones en torno a su vida y a los orígenes del Curso que ya comenzaban a escucharse, y esto en un momento en que ella todavía estaba llena de vida. Imagínate, pensamos en voz alta, lo que pasaría después que ella se hubiese ido. Helen, dicho sea de paso, parecía bastante segura de que moriría a la edad de setenta y dos años, pues había visto ese número escrito sobre su tumba en una visión. De hecho, murió cinco meses antes de cumplir sus setenta y dos años. Si bien no recuerdo la fecha exacta de nuestra conversación en el sofá, lo más probable es que tuvo lugar dos o tres años antes de su muerte en 1981.

Habíamos entendido mutuamente que su autobiografía sin publicar distaba mucho de ser un relato verdadero y preciso de su vida, y que era más bien un tributo literario, excesivamente estilizado—su posición pública—que no reflejaba verdaderamente el nivel más profundo de sus sentimientos y experiencias. Nuestro único intento de corregir las inexactitudes y de eliminar las distorsiones, si bien mejoraba algunas de sus partes, en muchas otras probaba ser peor que el original. El narrar ciertos sucesos de su vida—especialmente aquellos de naturaleza religiosa, y más específicamente aún, aquellos acontecimientos en torno a Un curso de milagros—suscitaba una ansiedad tremenda en Helen, y su incomodidad la conducía directamente a un casi feroz exceso de edición que afectaba la fidelidad del relato de su vida. Fue en este contexto, por lo tanto, que le dije que yo escribiría su historia, así como los sucesos relacionados—internos y externos—que precedieron, acompañaron y sucedieron su labor como escriba del Curso.

Helen estuvo de acuerdo en que era una buena idea, y luego, como uno de los dos solía hacer con frecuencia, cité un pasaje de nuestra obra literaria favorita, Hamlet. Cité parte de la escena final donde Hamlet está muriendo después de haber tomado de la copa envenenada, y su fiel Horacio comienza a tomar el veneno para unirse con su amigo en la muerte. Rápidamente Hamlet arrebata la copa de las manos de Horacio, exclamando:

¡O, buen Horacio! ¡Qué nombre más execrable, Me sobrevivirá, de quedar así las cosas ignoradas! Si alguna vez me albergaste en tu corazón, Permanece ausente de la felicidad

Y alienta por cierto tiempo,

En la fatigosa vida de este mundo de dolor, para contar mi historia (V, ix).

Disto mucho de creer que este mundo sea severo, ni experimento como doloroso el hecho de que yo haya sobrevivido a Helen, ni pensaba así entonces. Sin embargo, yo tenía algunas premoniciones de lo que el mundo le haría a Helen—“¡qué nombre más execrable … me sobrevivirá!”—al no poder resistir la tentación de sensacionalizar, hacer un mito o de otro modo distorsionar su vida y sus experiencias. Sabía que esto sólo opacaría la verdad de lo que fue una historia inspiradora y poderosa simplemente por ser lo que fue, sin necesidad de que se le ajustase a los criterios de Hollywood. Y por eso la necesidad de la biografía que yo habría de escribir—como en verdad la abrigaba a ella en mi corazón—que reflejase más fielmente la experiencia de Helen: una vida dedicada a poner de manifiesto el mensaje de Jesús, y sin embargo, una vida que en verdad fue, al menos en la experiencia consciente de Helen una ausencia de la felicidad.

Ciertamente, ya han comenzado a aparecer algunos relatos distorsionados sobre Helen y los orígenes de Un curso de milagros, y éstos no le hacen justicia a 1) la verdadera experiencia que Helen tuvo de Dios y de Jesús; 2) la unicidad de lo que parecía ser su personalidad dual de un ser espiritual altamente desarrollado unido a un ego casi igualmente desarrollado; y 3) su relación con William Thetford, que en un nivel fue el estímulo directo y proveyó el ambiente para la transmisión del Curso. Un propósito primordial de este libro, por consiguiente, es escribir la crónica de la insólita y ambivalente relación que Helen tenía con Dios y con Jesús, la cual comenzó en su niñez y se prolongó durante todo el tiempo que duró su labor como escriba del Curso hasta el momento de su muerte en 1981.

El libro, sin embargo, no es una biografía convencional, pues no presenta una visión completa ni totalmente lineal de la vida de Helen. Tampoco es una psicobiografía, un género que ha sido un tanto favorecido en nuestra era freudiana. Haciéndome eco de Un curso  de milagros, este libro refleja un particular punto de vista; a saber, que el antes mencionado conflicto que había en Helen entre estas partes de su yo—el anhelo de regresar a Dios y el miedo a ese retorno—es el tema predominante en la vida de todo el mundo, independiente de las circunstancias familiares y/o hereditarias. Este era un conflicto que simbolizaba ambos lados de la personalidad de Helen, y que reflejaba la misma ambivalencia que todos compartimos en lo que respecta a nuestra relación con Dios y con la persona de Jesús, cuyo amor por nosotros fue lo más cercano que ha estado el mundo de experimentar el resplandeciente Amor de Dios, nuestra Fuente.

Al reseñar el desarrollo de este conflicto personal, y su resolución última, estoy de ese modo escribiendo la historia de todo el mundo. El drama de este aspecto de la vida interior de Helen refleja la vida interior de todas las personas, aparentemente atrapadas en un mundo carente de Dios y quienes deambulan “por el mundo solos, inseguros y presos del miedo” (T-31.VIII.7:1), mas todo el tiempo anhelando escuchar la Llamada del Dios amoroso que los conducirá de regreso a El. Por lo tanto, en su mayor parte, no me explayo en la vida mundanal de Helen—la forma—excepto en la medida en que esta refleja el contenido subyacente de este conflicto. El analizar al ego resulta infructuoso, como el Curso nos instruye repetidamente. Por otra parte, el entender que el sistema de pensamiento del ego en su totalidad es una defensa en contra de nuestro verdadero Ser es extremadamente útil. Así pues, por ejemplo, la clara ambivalencia de Helen hacia sus padres y hacia la religión organizada—lo cual provee una mina de oro de información para un psicólogo que trata de encontrar causas psicodinámicas para sus experiencias internas—se ve aquí como el reflejo de este profundo conflicto Dios-ego, y no como su causa.

Los orígenes primordiales de este conflicto, sin embargo, yacen enterrados aún más profundamente en medio de antiguas cicatrices, nacidas en el feroz campo de batalla de una mente transtemporal mucho mayor que su diminuta expresión la cual llamamos Helen Schucman. Es la mente de un yo post-separación más extenso (llamado por Un curso de milagros la mente dividida o el ego) que constituye la fuente de nuestro yo personal tal como lo experimentamos. El entender la vida de Helen, por consiguiente, provee un modelo de este conflicto ontológico Dios-ego que ruge dentro de todas las personas. Al reconocer los dos lados de esta batalla, se puede reunir a los dos y trascenderse al fin.

Helen, pues, no sólo le legó Un curso de milagros al mundo—en mi opinión el más psicológicamente sofisticado relato del mundo sobre esta lucha subterránea, conjuntamente con la enseñanza del medio para deshacer esta guerra contra Dios a través del perdón—sino que su propia vida proveyó un modelo para su enseñanza también. Muy pocos, si acaso, conocieron plenamente estos dos lados de Helen—“De quedar así las cosas ignoradas” de Hamlet—y es esta compleja combinación la que yo espero capturar en este libro. Si bien Helen no hubiese querido que se hiciese de público conocimiento durante su vida lo que yo voy a escribir, por razones que forman uno de los temas más importantes de este libro, sé que le agradaría que yo presentara en este momento su historia y la historia de los comienzos del Curso. Por lo tanto, espero que este libro le devuelva a lo que se dice que fue la experiencia de Helen un balance que hasta ahora no ha tenido, y que se grabe para la posteridad la maravillosa cuando no dolorosamente humana historia de una mujer que permaneció absolutamente fiel a Jesús, aquel a quien ella amaba y también odiaba sobre todos los demás.

Y sin embargo, dicho esto, el amor y el odio no hacían sino cubrir con un velo el Amor en ella que existía desde antes de que el tiempo fuese, y que perdurará después que el tiempo cese de ser. Pues más allá del personal y ambivalente lado de Helen, descansaba un ser totalmente distinto. En verdad, “Ser” sería una ortografía más apropiada, pues esta parte de su vida interior era totalmente impersonal, y trascendía la relación amor-odio con Jesús que en efecto era su yo personal. Casi siempre escondido en Helen, este lado de-otro-mundo era, no obstante, el fundamento último de su vida, y le impartía el significado desde el cual debe entenderse todo lo demás.

Este libro, por lo tanto, tiene dos temas principales. El primero, el cual predomina, es la relación de amor y odio de Helen con Dios y con Jesús, a lo que Un curso de milagros se refiere como el conflicto entre nuestros yos con mentalidad correcta y mentalidad errada. El segundo, el cual fluye a lo largo como una corriente subterránea, es el Amor de Cristo que Helen verdaderamente conocía, llamado Mentalidad-Uno en el Curso. Aunque me referiré a este Ser transpersonal de vez en cuando, especialmente en relación con la imagen recurrente que Helen tenía de la sacerdotisa, dejaré para el Epílogo una consideración más extensa de este aspecto de Helen, y permitiré que el desarrollo de su lado personal forme el contorno básico de este libro. Al concluir su historia personal, retornaré entonces a este Ser, como un compositor concluye una sinfonía con una coda: el episodio final que introduce nuevos temas, mas sin embargo, el mismo permanece íntimamente conectado con el espíritu de la música que le precediera.

Helen y yo compartimos un amor profundo el uno por el otro, y por Jesús, en cuyo amor sabíamos que estábamos unidos, y en nombre de cuyo Curso nos habíamos unido. Es mi plegaria que yo pueda transmitir ese amor en estas páginas. En las palabras que Beethoven inscribió sobre los compases iniciales de su obra maestra coral Missa Solemnis: “Que desde el corazón, llegue al corazón”.