El Poder frente a la fuerza


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Probablemente el mejor libro del Dr. David R. Hawkins.

El Poder frente a la fuerza  en Estados Unidos fue un autentico superventas. Las personas involucradas en su traducción aseguran estar entusiasmados con su contenido y llevan años trabajando con libros de está índole, afirman que es “el mejor libro que han leído”. Esperamos no crear falsas expectativas, vosotros los lectores tendréis la última palabra, más cuando el rió suena agua lleva.

El doctor Hawkins nos aporta una explicación muy clara y comprensible de los niveles de la conciencia humana, asociados con las emociones, así como de algunos de los pasos clave que hay que dar para transitar de uno a otro, ofreciendo así valiosas herramientas para el cambio personal y social.

Aunando su amplísima experiencia terapéutica con el estudio de la física cuántica y la ciencia de vanguardia, nos presenta conceptos novedosos, como el de “atractor” que sirven para ilustrar su sistema de pensamiento. También nos enseña la prueba kinesiológica para distinguir lo verdadero de lo falso, y realiza un amplio repaso de la dimensión social del estudio de la conciencia.

Pero la clave del libro está en el estudio y la distinción entre poder y fuerza, entre aquellos estados en los que interviene el yo personal y están marcados por el esfuerzo, y aquellos otros en los que nos alineamos con el verdadero poder y podemos fluir con él. Querido Lector, estás ante uno de esos libros que solo aparecen cada diez o quince años, ante una obra maestra.

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Libro impreso


El Poder frente a la fuerza

david hawkins el poder frente a la fuerza
  • Libro disponible

Autor:

ISBN: 9788494279676

Páginas: 303

Publicado por: El grano de mostaza S.L.

Peso: 364 gr.

Alto: 210 mm.

Ancho: 140 mm.

Grueso: 17 mm.

Idioma: ES

Formato: Tapa blanda

Formato (USA): Paperback

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19

E-book


El Poder frente a la fuerza

david hawkins el poder frente a la fuerza
  • Disponible

Disponible: Si

ISBN: 9788494279690

Formato: Ebook

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Precio (en Amazon):
9.49

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Extracto de El Poder frente a la fuerza


Introducción

Toda iniciativa humana tiene el objetivo de comprender o de influir en la propia experiencia. Con este fin, el hombre ha desarrollado numerosas disciplinas descriptivas y analíticas: ética, filosofía, psicología, etcétera. Se invierten cantidades espectaculares de tiempo y dinero en la acumulación y el análisis de datos en un intento de predecir las tendencias humanas. En esta búsqueda frenética está implícita la expectativa de encontrar la «respuesta» última. Solemos creer que, una vez encontrada, la «respuesta» nos permitirá resolver los problemas de la economía, de la delincuencia, de la salud nacional o de la política. Pero, hasta ahora, no hemos resuelto ninguno de ellos. No es que nos falte información: prácticamente nos ahogamos en ella. El obstáculo es que no tenemos las herramientas adecuadas para interpretar los datos. Aún no hemos planteado las preguntas correctas porque no hemos evaluado bien la relevancia o precisión de las preguntas. El dilema del hombre, ahora y siempre, es que confunde sus propias construcciones intelectuales con la realidad.1 Pero estas superposiciones artificiales no son sino meros productos de un punto de percepción arbitrario. La inadecuación de las respuestas es una consecuencia directa de las limitaciones implícitas en el punto de vista de quien pregunta. Pequeños errores en la formulación de las preguntas llevan a grandes fallos en las respuestas. 36 Introducción La comprensión no surge simplemente del examen de los datos, sino de su examen en un contexto particular. La información es inútil hasta que sabemos qué significa. Para entender su significado, no solo tenemos que formular las preguntas justas, también necesitamos los instrumentos adecuados para evaluar los datos en un proceso significativo de clasificación y descripción. Los fallos fatales de todos los sistemas de pensamiento han sido: a) la falta de diferenciación entre lo subjetivo y lo objetivo; b) la falta de atención a las limitaciones del contexto inherente al diseño básico y a la terminología; c) la ignorancia sobre la naturaleza de la conciencia misma, y d) la comprensión errónea de la naturaleza de la causalidad. Las consecuencias de estos errores se harán evidentes a medida que exploremos las principales áreas de la experiencia humana desde una nueva perspectiva y con herramientas novedosas. La sociedad amplía sin cesar sus esfuerzos por corregir los efectos en lugar de las causas, y esta es una de las razones por las que el desarrollo de la conciencia avanza tan despacio. Los seres humanos apenas estamos en el primer escalón de la escala evolutiva; ni siquiera hemos resuelto problemas tan primitivos como el hambre en el mundo. De hecho, lo que realmente impresiona de los logros hasta ahora conseguidos por la humanidad es que se han alcanzado casi a ciegas, mediante el procedimiento de prueba y error. Esta búsqueda aleatoria de soluciones ha producido un laberinto de desconcertante complejidad, pero las verdaderas respuestas siempre se caracterizan por la simplicidad. La ley básica del universo es la ley de economía. El universo no desperdicia ni un solo quark; todo sirve a un propósito y encaja en un equilibrio; no hay eventos superfluos. El ser humano estará estancado en su falta de conocimiento de sí mismo hasta que aprenda a mirar más allá de las causas aparentes. En la historia humana las respuestas nunca han surgido de identificar las «causas» en el mundo. Más bien es necesario identificar las condiciones que subyacen a las causas aparentes, y dichas causas solo existen en la propia conciencia del hombre. No es posible encontrar la respuesta definitiva a ningún problema aislando secuencias de sucesos y proyectando sobre ellos la noción mental de «causalidad». No hay causas en el mundo observable. Demostraré que el mundo observable es un mundo de efectos. Las dificultades para hallar medios eficaces se deben a nuestra incapacidad de discriminar entre lo esencial y lo no esencial. Hasta ahora 37 El poder frente a la fuerza ningún sistema nos ha permitido distinguir entre las soluciones poderosas y efectivas y las débiles e ineficaces. Nuestros métodos de evaluación han sido inútiles para realizar estimaciones realistas. Con mucha frecuencia, las elecciones que se toman en la sociedad son producto de la conveniencia, de falacias estadísticas, de sentimientos, de presiones políticas o mediáticas, de prejuicios personales o de intereses creados. Decisiones cruciales que afectan a las vidas de todos los habitantes del planeta se realizan bajo condiciones que prácticamente garantizan su fracaso. Como las sociedades carecen de la necesaria base de realidad para formular soluciones eficaces a los problemas, recurren una y otra vez a la fuerza (en sus diversas expresiones como la guerra, la ley, los impuestos, las reglas y las regulaciones), que resulta extremadamente costosa, en lugar de emplear el poder, que es muy económico. Ninguna de las dos facultades operativas básicas del ser humano, la razón y el sentimiento, es intrínsecamente fiable, como atestigua nuestra precaria historia de supervivencia individual y colectiva. Aunque adscribimos nuestras acciones a la razón, el ser humano actúa, de hecho, a partir del reconocimiento de pautas; la disposición lógica de los datos sirve sobre todo para potenciar un sistema de reconocimiento de pautas que a partir de ese momento se convierte en «verdad».2 Pero nada es nunca «verdad», excepto bajo ciertas circunstancias, y además solo desde cierto punto de vista, que no suele declararse. En consecuencia, el hombre reflexivo deduce que todos sus problemas surgen de la dificultad para «conocer». En último término, la mente llega a la epistemología, la rama de la filosofía que examina la cuestión de cómo y en qué medida el hombre es capaz de saber realmente algo. Este discurso filosófico puede parecer erudito o irrelevante, pero las cuestiones que plantea están en el núcleo mismo de la experiencia. Al margen de por dónde empecemos nuestro análisis del conocimiento humano, siempre acabamos examinando el fenómeno de la conciencia, de la naturaleza de la conciencia humana. Y siempre llegamos a la misma conclusión: cualquier nuevo avance en la situación humana requiere establecer una base verificable para el conocimiento en la que podamos depositar nuestra confianza. Así, el principal obstáculo para el desarrollo humano reside en la falta de conocimiento de la verdadera naturaleza de la conciencia. Si analizamos nuestros procesos mentales momento a momento, pronto nos 38 Introducción damos cuenta de que la actuación de la mente es mucho más rápida que el reconocimiento. La noción de que nuestras acciones están basadas en decisiones meditadas es una gran ilusión. El proceso de toma de decisiones es una función de la conciencia misma; la mente toma decisiones basándose en millones de datos y en sus correlaciones y proyecciones, que están mucho más allá de la comprensión consciente, y lo hace con enorme rapidez. Se trata de una función global dominada por los patrones energéticos que la nueva ciencia de la dinámica no lineal denomina atractores.3 La conciencia elige automáticamente lo que considera mejor a cada momento, porque, en último término, esa es la única función de la que es capaz. El peso y el mérito relativos que se asignan a ciertos datos vienen determinados por un patrón atractor predominante que opera en un individuo o en un grupo de mentes. Es posible identificar, describir y calibrar estos patrones; a partir de esta información surge una comprensión totalmente nueva de la conducta, de la historia y del destino de la humanidad. Y, a medida que exploramos la naturaleza de los problemas humanos, queda claro que nunca hemos contado con una unidad de medida experimental y fiable para interpretar las motivaciones y las experiencias en el curso de la historia.