Vida de Kenneth Wapnick, los inicios en la universidad


Autor: Félix Lascas | Fecha: 16 enero, 2017

Continuamos con la vida y las circunstancias que rodearon a Kenneth Wapnick hasta que Benedict Groeschel habló a Helen Suchcman y Bill Tetford sobre Ken; a Wapnick estos le presentaron una copia mecanografiada de un «libro de desarrollo espiritual», lo que después sería Un curso de milagros.

El relato de la vida de Ken comienza con el artículo: autor destacado.  Consultarlo si no queréis perderos ningún detalle.

Vida de Kenneth Wapnick hasta que se encontró con el Curso (AD-4)

Los inicios en la universidad

En la universidad tomó conciencia de la dimensión externa y de la interna. Estaba fascinado con las teorías psicológicas, que reflejaban aspectos de la conducta humana, pero claramente se daba cuenta de que ninguna de estas teorías podía aplicarse a lo que él experimentaba cuando escuchaba música. En el último año de carrera asistió a una conferencia de B. F. Skinner, considerado el principal exponente del conductismo, el profesor sostenía que si le entregaban a un bebé en el momento de nacer y se ejercía un control total sobre los aspectos ambientales de la vida del pequeño, él podía hacer de la criatura un Mozart. Ken no creía en el Cielo, pero sí sabía que la música de Mozart no era de este mundo y que la manipulación psicológica o ambiental jamás podría producir la genialidad de Mozart. A pesar de la clara conciencia del mundo interno y externo, no experimentaba conflicto entre ambos. Se sentía a gusto siguiéndolos al mismo tiempo. En la escuela de posgrado, empezó a cuestionarse el rumbo de su vida. Su verdadero interés era la música y el estudio de la psicología se estaba volviendo irrelevante. Sin embargo, no tenía ninguna habilidad musical destacable. Por lo tanto, se resignó y terminó sus estudios. Entonces sí que se dio cuenta dolorosamente de la tensión interna entre esos dos mundos. Con la idea de integrar estos mundos, quiso realizar su tesis sobre Beethoven, haciendo énfasis en la dimensión interna de la experiencia humana, tema que la psicología tendía a ignorar o distorsionar. Pero al final se decidió a hacer la tesis acerca de santa Teresa de Jesús, fue una decisión acertada y providencial, pues se identificó genuinamente con la santa en un periodo en el que no era cristiano ni creía en Dios. A pesar de no creer en él, Wapnick indudablemente pensaba que Dios estaba cerca. Sin su ayuda la tesis nunca podría a haberse terminado ni podría haber sido aceptada. A los 26 años obtuvo el doctorado en psicología clínica.
Siguieron dos años difíciles porque quería integrar, sin éxito, el mundo interno y externo, es decir, su vida personal y profesional. Cuando terminó la tesis se había fortalecido su fe en el mundo interno, pero sentía un temor que continuaba sin desvelarse. Ese temor se confirmó cuando se separó de su esposa y se mudó al norte del estado de Nueva York aceptando un empleo en un hospital psiquiátrico estatal Su hija, de tan solo un año, permaneció con su esposa.
A pesar del trastorno que supuso la separación esto significó un cambio importante para mejor en su vida. Tuvo una experiencia impresionante que le demostró que este mundo abstracto interno era mucho más personal de lo que él había pensado. Supo de repente, de la existencia de Dios y las cosas comenzaron a encajar entorno a esta nueva faceta de su vida. Empezó un periodo de paz y felicidad como nunca antes había experimentado, si bien tuvo momentos difíciles que fueron superados cuando se los entregaba a Dios. Además, aceptó el judaísmo y tuvo la certeza de que Dios trascendía las formas religiosas. Por primera vez se sintió cómodo con ellas y agradecido por la intensa educación judía que recibió.
Entonces empezó un periodo de vida que podríamos clasificar de monástico aunque Ken manifiesta que no era consciente de ello, porque aparte del tiempo que pasaba en el hospital su existencia era como la de un ermitaño, con horarios muy estrictos y realmente enfocado en Dios. La música lo había conducido muy lejos, pero ahora, ya no lo necesitaba para llenar el hueco que únicamente Dios podía llenar.

—Félix Lascas

(Continuará con el artículo: Vida de Kenneth Wapnick hasta que se encontró con el Curso AD-5)

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