Dios piensa de otra manera -Preguntas y respuestas-(2)

Dios piensa de otra manera -Preguntas y respuestas-(2)

-Preguntas y respuestas-(2)

P: Entonces hay otra pregunta….

R: ¿Hay otra pregunta? (Risas). No sabía.

Participante: No se…

R: ¿Esta es la Parte B de la pregunta 1 o  la pregunta 2? (Risas)

P: Como sea. Entonces la experiencia está por encima de la comprensión intelectual de las palabras. 

(Ver orden de publicación del taller)

R: «¿Por encima?» No: Precede

P: Cuando lo leemos al principio estamos tratando de comprender…

K: Sí, lo intelectual precede.

P: He llegado a un punto en que me doy cuenta de que es imposible comprenderlo…

R: Ah, es ahí cuando se empieza a comprender. ¡Ya lo tienes! (Risas)

(Interviene otra participante)

P: ¿Cómo es posible que Helen hablara con Jesús como si fuera una persona y además el le conseguía un espacio para estacionar? No tiene sentido.

R: Te voy a dar una respuesta breve. En uno de mis libros relato todas las historias de las compras y al final doy esta explicación: Todo eso es una explicación de lo que mencioné antes. Helen, que era una mujer muy inteligente, sabía que todo era una forma de defensa, y aún sabiéndolo nunca se sintió juzgada por Jesús. Él nunca le corregia con el Curso, nunca le menciono que hacer compras es una defensa contra la verdad. (Risas) La lección 136 dice que la enfermedad es una defensa contra la verdad. Pero una hermosa tarde de primavera en Nueva York salimos del centro, como siempre alrededor de las dos y le dije a Helen, como lo hacía habitualmente: «¿A dónde vamos?» Por supuesto, queriendo decir a qué tienda vamos, puesto que eso es lo que comúnmente hacíamos, para finalmente ir a alguna iglesia como broche final. Pero esa tarde dijo: «No,‘eso’ —dijo— ya no tengo que hacer más eso». Desde entonces, nunca más fuimos de compras a menos que se necesitara algo en concreto. Y la manera de entenderlo es que a partir de ese momento ella pudo soltar esa necesidad de defenderse de la presencia de Jesús, que era muy fuerte en su mente. Ella sabía que no se trataba de hacer compras, pero ya no estaba tan asustada y en su experiencia se tradujo como que Jesús le decía que no tenía que hacer más eso. En realidad era Helen diciéndole a Helen, el tomador de decisiones de Helen diciéndose a sí mismo: Ya no tengo miedo y no tengo que elegir esto como defensa. Ahora, en la experiencia de Helen estaba muy claro que se trataba de Jesús, que era él quien le hablaba.

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