Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, 2014


Autor: Paul Ferrini | Fecha: 3 diciembre, 2014

Desde el boletín informativo de Paul Ferrini, tenemos el placer de publicar estas reflexiones del autor acerca del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos.

Año 2014

 

Hoy es un día de dar gracias en los Estados Unidos de Norteamérica. Hoy, celebramos la unión de dos culturas- los indígenas nativos de Estados Unidos y los Europeos- en paz y armonía. Se compartieron alimentos y se intercambiaron regalos. El evento implicaba la posibilidad de que las tierras ancestrales de los Wampanoag pudieran ser compartidas con los colonizadores europeos, y que éstos, a cambio, aportaran algo que beneficiara a los nativos. El trueque y la colaboración debían, a final de cuentas, beneficiar a ambos. Si solo una parte resulta beneficiada, se siembra conflicto y la paz se vuelve inalcanzable.

Todos sabemos que a menudo la unión de estas dos culturas no fue una experiencia agradable. Se pueden citar innumerables casos de violencia y explotación que nos ofrecen el lado oscuro de la historia, proyectando una sombra aun en este día que se conmemora la gratitud y la abundancia.

Hoy por hoy en Estados Unidos los Afroamericanos se están manifestando en las calles de Ferguson. Años de ira y frustración reprimida a causa de la injusticia y la discriminación están surgiendo a raíz de la muerte de un joven negro desarmado a manos de un joven policía blanco. Un recordatorio más de que para lograr la paz, todos los ciudadanos deben tener la vida, la libertad y el derecho a ser felices garantizados.

Recientemente muchos de nuestros senadores y representantes en el congreso están protestando porque nuestro presidente ofreció una vía hacia la ciudadanía a los padres inmigrantes ilegales con hijos nacidos en Estados Unidos. El presidente previene así que estas familias sean separadas. Tal vez es tiempo de que los políticos se dejaran inspirar por la bienvenida que los Wampanoag les brindaron a aquellos que se convirtieron en nuestros padres fundadores.

Evidentemente, los seres humanos todavía tenemos mucho por aprender. En los casi 400 años que han pasado desde el primer día de Acción de Gracias en 1621, todavía no hemos logrado cumplir la promesa de que un día se puedan unir dos culturas en paz, armonía y prosperidad mutua. Hoy en particular, al ser testigos de la rabia que está surgiendo en Ferguson, nuestro reto es encontrar ese lugar de paz y reconciliación en nuestras propias familias y comunidades.

Como muchos de ustedes saben, mi trabajo pide que salgamos de la negación personal y colectivamente. No podemos enterrar nuestro lado sombrío… más bien debemos aprender a verlo y abrazarlo con amor y compasión. Cuando lastimamos a otros, usualmente es porque no podemos vernos en ellos. Pretendemos ser mejores aun cuando no los somos. Nadie es mejor o peor que otra persona. El dolor existe en cada corazón así como también existe el potencial del gozo y la alegría en el mismo corazón herido.

La manera de salir de nuestro dolor no es proyectándolo en los demás y tratando de hacerlos responsables de él. La única salida es asumir la responsabilidad de ser los portadores de amor y compasión a nuestra experiencia primero, y luego también a la de los demás. No podemos asumir nuestro poder mientras sintamos que somos víctimas. Recuperamos nuestro poder cuando reconocemos que de nosotros depende cambiar las condiciones que nos atan o nos esclavizan.

Esto significa que debemos retar nuestro propio pensamiento y nuestra reactividad emocional. Es fácil ser negativo. Es fácil encontrar errores y culpar y avergonzar a los demás. Es fácil sentirse superior a otros y por esto creer que tenemos derecho de atacarlos. No hay un solo ser humano que no se vea confrontado por su habilidad de mantener en la negación la violencia que existe en su propia mente y alma irredenta.

Sin embargo la redención no puede venir de fuera. Nadie puede dárnosla. La redención viene de dentro. Nosotros somos los portadores de amor a nuestra propia experiencia. Si no aprendemos a amar y bendecirnos a nosotros mismos ¿Cómo podemos amar y bendecir a otros?

Para aprender a amar y bendecir nuestra experiencia, es necesario dejar de encontrar errores y culpas en nuestra vida. Cada vez que nos quejamos, cada vez que nos enganchamos en culpar o avergonzar a alguien más, estamos viendo el mundo desde el oscuro lente de nuestros miedos. Debemos renunciar a este comportamiento. Cuando atravesamos la oscuridad es necesario buscar la luz. Si no lo hacemos, no la encontraremos.

No importa cuántos desafíos tengamos en nuestras vidas en este momento, siempre podemos encontrar algo bueno digno de agradecimiento. El día de Acción de Gracias nos llama a tener esa claridad. Si solo podemos ver lo malo, ¿Cómo podrá manifestarse lo bueno en nuestras vidas? Detectar lo bueno es de vital importancia, puede ayudarnos a transformar nuestras vidas.

Cuando puedes ver lo bueno, cuando agradeces lo que tienes, cuando celebras el amor que está presente en tu vida, creas abundancia y atraes más amor a tu vida. También funciona al revés, cuando solo percibes lo que te hace falta o lo que no es suficiente para ti, creas más carencias en tu vida. Esta es la conciencia de la escasez. Va de la mano con el sentimiento de ser víctima.

¡La decisión es tuya! Y si, ¡es una decisión!

Hoy, elegí recordar que de mi depende, que es mi responsabilidad apreciar todo lo bueno que hay en mi vida y agradecer lo que tengo. Aun cuando hay desafíos, aun cuando hay dolor, puedo encontrar el lugar en mi corazón donde nace el amor. Cuando hago esto empiezo a ver mi mundo a través del lente del amor y es un mundo muy diferente al que veo cuando me tengo lastima o cuando culpo a alguien más de mis problemas.

Hace casi 400 años, en la colonia de la bahía de Plymouth, aquellas personas que encaraban un crudo invierno, se dieron el tiempo de juntarse con sus hermanos y hermanas provenientes de tierras lejanas, para compartir alimentos y celebrar todo lo bueno que había en sus vidas. ¡Aquella fue una ocasión inolvidable!

Amor y bendiciones para todos ustedes,

Paul Ferrini

 

 

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