Cómo llegó Un curso de milagros, por Ken Wapnick


Autor: Kenneth Wapnick | Fecha: 6 abril, 2013

Un curso de milagros fue el resultado de una empresa de conjunto de dos psicólogos, Helen Schucman y William Thetford. Ellos eran, respectivamente, Profesora Adjunta y Profesor Titular de Psicología Médica en la Facultad de Medicina y Cirujia de la Universidad de Columbia, Centro Médico del Columbia-Presbyterian en la ciudad de Nueva York. Bill llegó allí en el 1957 como Director del Departamento de Psicología. A principios de 1958, contrató a Helen para que dirigiese un proyecto de investigación. Los primeros siete años de su relación fueron tensos, pues Helen y Bill eran tan diferentes como dos personas podían serlo, una situación exacerbada por la percepción compartida de que cada uno era la fuente de los problemas del otro. Mas a pesar de la ambivalencia de su relación, en el nivel profesional trabajaban muy bien juntos. Además de las presiones corrientes de la academia, había problemas de moral en el departamento los cuales requerían la atención y esfuerzos combinados de ellos dos. La psicología, al igual que en la mayoría de los centros médicos de esos días, era considerada como un departamento inferior a los más prestigiosos departamentos médicos.

En la primavera de 1965 tuvo lugar un viraje decisivo. Precisamente antes de salir hacia una reunión interdisciplinaria regular en otro Centro Médico en la ciudad, Bill hizo algo muy poco característico de él: Pronunció un largo y apasionado discurso para Helen, cuya esencia era que él había estado pensando seriamente en la relación de ellos y en las relaciones dentro del Centro Médico. Concluyó que tenía que haber una “manera mejor” de relacionarse con los demás que no fuese con la agresión, la competencia y el juicio tan típicamente característicos de sus interacciones. Igualmente poco característica fue la respuesta de Helen: Ella estuvo de acuerdo con él. Sin conocer cuál era esta “manera mejor”, no obstante se comprometió a unirse a Bill en tratar de encontrarla. Podríamos decir que en ese instante de unión— lo que posteriormente Un curso de milagros llamaría un “instante santo”—nació Un curso de milagros , aun cuando pasaría un período de varios meses antes de que comenzase a escribirse.

Esta empresa de conjunto de dos antagonistas—la cual cambiaría la percepción de cada uno del odio al perdón, de intereses separados a un interés compartido—es un ejemplo radiante del milagro: “El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente” (T-26.IX.6:1). De ese modo podemos ver cómo el Curso, desde el comienzo, mantuvo una consistencia al ejemplificar lo que enseñaría.

Era como si Helen hubiese estado esperando que Bill formulase su pregunta, pues ésta desató una serie de acontecimientos internos— sueños, visiones, experiencias psíquicas—las cuales se prolongaron hasta el otoño de 1965. Estos eran totalmente inesperados, puesto que Helen se había definido firmemente como una psicóloga investigadora, dedicada a la verdad empírica, “práctica” la cual ella percibía que era el campo adecuado del científico. Así pues, no había cabida dentro de este papel para lo que ella consideraba como pensamiento “flojo” o “confuso”, el cual incluía ciertamente las experiencias psíquicas y religiosas que ahora le estaban ocurriendo a ella regularmente. Bill, quien era el confidente de Helen (a su esposo Louis le disgustaban estas experiencias), igualmente había compartido la falta de interés de Helen en estos fenómenos, por lo menos hasta ahora. Y sin embargo, ninguno podía negar el hecho de que estos acontecimientos estaban ocurriendo, especialmente en lo que ellos consideraban experiencias telepáticas comprobables.

Estas experiencias alcanzaron su clímax en octubre de 1965, cuando Helen le dijo a Bill que ella creía que estaba a punto de hacer algo muy inesperado. Bill le sugirió que consiguiese una libreta, puesto que ella sabía taquigrafía, y que escribiese lo que estaba pensando, escuchando y viendo. Helen procedió a hacer esto lo cual tuvo su culminación posteriormente ese mes una noche cuando ella comenzó a oír una voz interna la cual le repetía insistentemente: “Este es Un curso de milagros . Por favor, toma notas”. Frenéticamente, llamó a Bill, quien le sugirió con mucha calma y de manera inteligente que hiciese lo que la voz decía, le trajese las notas a la oficina la mañana siguiente, y verían qué se desarrollaba. Siete años más tarde, lo que se había desarrollado eran los tres libros que hoy se conocen como Un curso de milagros.

Extraído de la introducción de Despierta del sueño, de Ken Wapnick

Palabras clave: , , , , ,

Comentarios Comentarios de este artículo

Deja un comentario

Nota: Los comentarios tendrán que ser aprobados antes de que se visualicen